El Amor del Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus hijos .Mateo 18, 12-14
Martes II de Adviento
«El Padre nos ama tanto que no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños».
Este es el deseo profundo del Padre: que experimentemos muy de cerca su amor, su ternura, su cercanía. Por este amor, cometió la “locura” más grande: envió a su Hijo, que se hizo hombre para salvarnos y para que ninguno de nosotros se pierda.
Por amor se hizo uno de nosotros. No solo vino a visitarnos, sino que vino para quedarse para siempre, viviendo entre nosotros, para que así pudiéramos comprenderle, amarle y dejarnos amar por Él.
Qué hermoso es cuando tenemos la experiencia de escuchar las palabras del Amor del Padre. Esto sucede cuando Jesús nos habla y nos transmite, desde lo más íntimo de su corazón, un rasgo verdadero del Padre.
Para ello, hoy utiliza una imagen: el pastor y la oveja descarriada.
¿Qué quieres revelarnos, Señor, a nuestro corazón?
Me haces comprender que deseas que experimente el amor personal y vivo del Padre:
un Amor que llena nuestra vida,
un Amor que no puede ser olvidado,
un Amor que nunca se apaga, porque Dios Padre no nos olvida;nos tiene tatuados en la palma de su mano
y cada día somos llamados a volver a ese Amor que siempre se nos ofrece.
Y qué hermoso es descubrir cuánto nos amas:
viéndonos desorientados y perdidos,
el amor del Padre se hace carne en Jesús.
Este amor del Padre hecho carne es precisamente lo que celebramos en Adviento.
Estamos en la espera; y hoy, nuevamente, el Hijo de Dios vendrá en esta Navidad al mundo en el que vivimos, como el Pastor que busca a la oveja perdida y guía a su rebaño.
Para muchos que no le conocen será su primera experiencia.
Por eso te doy gracias, Padre, porque por medio de tu Hijo nos has rescatado como ovejas atrapadas en la zarza, que sin el Pastor quedábamos allí para siempre.
Gracias por hablarnos a través de tu Hijo.
El Hijo de Dios se ha hecho hombre para hablar a sus hermanos, los hombres,
y revelarnos la verdad y el fundamento de nuestra vida: el Amor del Padre.
Y por eso te damos gracias, Padre, por llamarnos tus hijos amados.
Un texto hermoso de San Ambrosio
> «Tú no te atrevías a levantar la cara hacia el cielo; bajabas los ojos hacia la tierra.De repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados han sido perdonados.De siervo malo te has convertido en buen hijo.Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su Hijo y di: Padre nuestro.Pero no reclames ningún privilegio: solo es Padre de modo único para Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado.Di entonces también por la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo».
Y como recuerda el Papa Francisco:
> «No olvidemos esto: el buen pastor está siempre cerca de la gente, siempre,así como Dios nuestro Padre se acercó a nosotros en Jesucristo hecho carne».
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